Constelaciones Familiares y Sistémicas


  El conocimiento habla ... cuando la sabiduría escucha!

Las Constelaciones Familiares y Sistémicas son una metodología de acompañamiento que invita a mirar la vida desde una perspectiva más amplia, comprendiendo que cada persona forma parte de un sistema en el que todo está profundamente conectado.


Desde esta mirada, no caminamos solos. Somos el resultado de una historia que comenzó mucho antes de nuestro nacimiento. En nosotros viven las experiencias, los aprendizajes, las alegrías y también las heridas de quienes nos precedieron. Cada generación deja una huella que, de forma consciente o inconsciente, puede influir en nuestra manera de amar, relacionarnos, elegir o afrontar la vida.


Desarrolladas por Bert Hellinger, las Constelaciones Familiares parten de la observación de que muchos de los conflictos que experimentamos no nacen únicamente de nuestra historia personal. En ocasiones, están relacionados con vínculos invisibles, lealtades profundas o acontecimientos familiares que aún buscan ser reconocidos y ocupan un lugar en la memoria del sistema.


Este abordaje terapéutico de las Constelaciones Familiares, son una invitación a mirar con el corazón aquello que, durante mucho tiempo, quizás solo hemos podido mirar desde el dolor, el juicio o la incomprensión.

Cuando una persona comprende su lugar dentro de su sistema familiar y reconoce con respeto la historia de quienes llegaron antes, puede experimentar una sensación de mayor paz interior, pertenencia y libertad para vivir su propia vida.

Las Constelaciones no buscan cambiar el pasado, porque el pasado ya ocurrió. Lo que ofrecen es la posibilidad de transformar la forma en que nos relacionamos con él, permitiendo que aquello que permanecía bloqueado encuentre un nuevo movimiento hacia la reconciliación.


En este camino, el amor deja de entenderse únicamente como un sentimiento y comienza a experimentarse como una fuerza que une, sostiene y da sentido a la vida.

Una visión del alma familiar:

Desde la perspectiva sistémica, cada familia posee una memoria compartida, un campo de información donde quedan registrados los acontecimientos importantes que marcaron la historia del sistema.

Esta memoria no pertenece a una sola persona, sino que es compartida por todos sus miembros. En ella tienen cabida quienes vivieron grandes alegrías, quienes sufrieron pérdidas, quienes fueron olvidados, excluidos o juzgados y también aquellos cuyo destino fue especialmente difícil.


Las Constelaciones proponen que el sistema siempre busca el equilibrio y la totalidad. Cuando algún miembro no es reconocido o algún hecho permanece oculto, el propio sistema puede intentar compensarlo a través de generaciones posteriores.

Desde una mirada espiritual, podría decirse que el alma familiar busca constantemente el camino hacia la integración, invitando a que cada persona ocupe su lugar y que todos sean vistos con dignidad, independientemente de la historia que les tocó vivir.

No se trata de justificar lo sucedido ni de negar el sufrimiento, sino de reconocer que toda vida tiene un lugar y merece ser mirada con respeto.


Los Órdenes del Amor:

Bert Hellinger llamó Órdenes del Amor a los principios que, según su amplia experiencia, favorecen la armonía dentro de los sistemas familiares.

Él observó que el amor, por sí solo, no siempre basta para que las relaciones sean equilibradas. El amor necesita un orden para poder fluir.


Cuando ese orden se respeta, las relaciones encuentran mayor estabilidad. Cuando se altera, el amor continúa existiendo, pero muchas veces se expresa a través del sufrimiento, la confusión o la repetición de conflictos.

Los “Órdenes del Amor” no son leyes impuestas desde fuera, sino movimientos naturales que Hellinger observó una y otra vez en miles de familias alrededor del mundo.
Comprobando que cuando hay orden y se respeta, los conflictos en las relaciones mejoran, o desaparecen.

Podrían compararse con las leyes de la naturaleza: no castigan ni premian; simplemente muestran que cuando algo encuentra su lugar, la vida fluye con mayor armonía.


1er orden. El derecho a pertenecer:

Toda persona forma parte de su sistema familiar, y tiene un lugar que nadie puede ocupar.

Cada vida tiene el mismo valor, independientemente de lo que haya hecho, del tiempo que haya vivido o de cómo haya sido recordada.

Cuando alguien es excluido por vergüenza, dolor, rechazo o silencio, el sistema tiende a buscar el equilibrio. En ocasiones, otro miembro de la familia puede identificarse inconscientemente con esa persona, cargando emociones, comportamientos o destinos que no le corresponden.

Desde una mirada sistémica y espiritual, pertenecer significa ser reconocido como parte del gran tejido de la vida. Cuando cada miembro recupera simbólicamente su lugar, todo el sistema puede respirar con mayor tranquilidad.

 

2º orden: Respetar la jerarquía:

Los padres llegaron antes que los hijos y por ello, ocupan un lugar diferente. Los hermanos mayores llegaron antes que los menores. Cada miembro tiene su propio sitio en la familia.

La vida tiene una dirección: primero llegan quienes dan la vida y después quienes la reciben.

Los padres entregan el mayor regalo posible: la existencia. Los hijos la reciben.


Cuando los hijos intentan convertirse en los protectores emocionales de sus padres, cargar con sus conflictos o asumir responsabilidades que no les corresponden, el orden natural se altera.

Las Constelaciones invitan a devolver a cada persona aquello que le pertenece y a ocupar el lugar que realmente corresponde.

Desde ese lugar, la energía puede fluir de una forma más ligera y cada uno puede vivir su propio destino sin cargar con el de otros.


3er orden. El equilibrio entre dar y recibir:

La vida es un movimiento constante de intercambio.

En las relaciones de pareja, de amistad o entre adultos, el equilibrio entre dar y recibir fortalece los vínculos. Cuando ambas personas ofrecen y reciben de forma recíproca y equilibrada, la relación crece con mayor estabilidad.

Sin embargo, entre padres e hijos este movimiento es diferente.


Los padres entregan la vida sin esperar que pueda ser devuelta. Los hijos la honran viviéndola plenamente, desarrollando sus propios talentos y transmitiendo ese regalo a las siguientes generaciones o contribuyendo positivamente al mundo con sus propios proyectos.

Quizá esa sea una de las ideas más bellas de las Constelaciones: el mayor agradecimiento hacia nuestros padres no consiste en devolverles lo que hicieron por nosotros, la vida que nos dieron es tan grande, que no se puede devolver, es tomar la vida completamente vivirla a nuestra manera y hacer algo bueno con ella.


Una invitación a mirar con el corazón:

Las Constelaciones Familiares nos recuerdan que todos venimos de una historia que merece ser honrada, no juzgada.

Nos invitan a comprender que detrás de cada persona existe una cadena de vidas, decisiones y experiencias que hicieron posible nuestra existencia. Cuando dejamos de luchar contra esa historia y aprendemos a mirarla con respeto, algo comienza a transformarse en nuestro interior.

Aceptar lo que fue, tal como fue, esto no significa estar de acuerdo con todo lo ocurrido. Significa reconocer la realidad tal como fue para dejar de gastar energía intentando cambiar aquello que ya pertenece al pasado.

Desde esa aceptación puede surgir una nueva forma de vivir: más consciente, más libre y profundamente conectada con la fuerza de la vida.


Las Constelaciones nos recuerdan que, cuando cada uno ocupa su lugar y el amor encuentra su orden, el sistema entero puede encontrar un mayor equilibrio.

La persona que desea constelar, debe primero reflexionar sobre la situación actual que le preocupa o produce sufrimiento. Luego formular la consulta de forma sencilla, concreta y lo más puntual posible.


Para iniciar una Constelación Familiar, es fundamental tener la decisión de implicarse en la situación que se quiere tratar y contar con la firme intención de querer enfrentar el conflicto hasta resolverlo.

El resultado de una Constelación, es directamente proporcional al grado de compromiso que la persona que pide la constelación, adquiera consigo mismo, ¡¡comprometiéndose para hacer la parte que le corresponde…Nada más!!


¿Cómo se realiza una Constelación Familiar?

Las Constelaciones se desarrollan generalmente en grupo (también se realizan de forma individual) entre los componentes del grupo, son escogidos aquellas personas que representarán a los integrantes del conflicto que se pretende resolver. (Padre, madre, hijo, hermano, trabajo...)

El representante únicamente se deja sentir, no conoce a la persona representada, ni sabe de ella; aun así sentirá como siente ella, ya que según la teoría de los campos mórficos, a partir de la aceptación voluntaria, el representante conecta con el sistema familiar o grupal del representado, y durante el tiempo que dura la constelación, tiene a su disposición la información necesaria!

¡Hay que vivir la experiencia! Porque cada vez que ayudamos en la Constelación de otra persona; estamos experimentando emociones y sentimientos dentro de nosotros que nos aportaran comprensión en nuestro crecimiento personal, dándonos otro enfoque que nos ayuda a cambiar la mirada del alma.

 

Cómo comportarse después de las Constelaciones Familiares según Bert Hellinger: "Las Constelaciones actúan, cuando uno las deja exactamente de la manera en que las vio. Es una imagen espacial y atemporal de las profundidades y tiene su fuerza cuando uno lo deja tal cual. Cualquier discusión sobre su contenido destruye la imagen sanadora.


¡Una Constelación Familiar no se hace, solo hay que permitir que suceda!


Próximas Constelaciones grupales en Barcelona   

                                         

  • Domingo 6 de septiembre
  • Domingo 20 de septiembre
    Lugar:

Carrer Girona, 133 1º 2ª

 (horario:  09:30 a 15:00 horas)   



Entrevista de Angels Bemar en su canal de YouTube:  Akasha Despertando El Alma 

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